Primer beso

Uno de los momentos más seductores entre dos personas es el espacio entre el diálogo y el beso. Aquel resquicio en el que se comunican deseo e intención. Justo cuando terminas de enviar el mensaje inconsciente e identificas el recíproco anhelo. Te encuentras ante una hermosa avalancha de sensaciones transmitidas. Gozo aplastante, apabullante e irremediablemente breve. Instante cuya eternidad sólo es equiparable con su insidioso hábito de fenecer.
Nada como tomarse su tiempo en un par de segundos. Ninguna mirada es más sincera. Es el clímax de la intimidad de rostros y miradas. No volverás a conseguir tanta profundidad observando de forma tan superficial. Sumergido en tus emociones, viviendo las interacciones. Pasión y razón entrelazadas como amantes, reprimiéndose al lascivo ritmo de la libertad.
No hablo del beso maquinal saturado por la costumbre. Ni siquiera merece llamarse beso cuando se limita al simple roce de labios.

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