Copos

Contemplé el cielo 
con una sensación de plenitud. 
La vi caer de mi gracia 
como un copo de nieve: 
suave y delicado, 
hermosamente indiferente 
al mundo a su alrededor. 
Flotando con gracia, 
jugueteando con el ligero viento, 
coqueta hasta el final. 

Cayó 

con toda su exuberancia 
en un copioso valle blanco. 
Cada copo 
único y excepcional, 
cuando examinados de cerca, 
absolutamente ordinarios a simple vista, 
perdidos y confundidos entre sus similares. 

Eso fue lo que nunca entendió:
lo ordinaria que es su unicidad.

Ave Literaria

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