…y devorarte como el fruto prohibido que eres

El instante en el que cruces el umbral del mundo en el que aún podemos existir, el umbral del placer, tomarte y no dejar que avances, para no desperdiciar un segundo más sin mis manos sobre ti. En ese instante pasarás a estar en mis manos, dóciles recorriendo las partes que mis labios dejen libres. Lentamente creando un camino descendente, abriéndose paso al lugar en el que nacen todas mis pasiones y mis delirios. Mi boca en tu cuello, mis manos escabulléndose bajo tu ropa. Ahí contra la pared sintiendo mi anhelo y mi deseo. Te quitaré lo necesario y no más, suficiente para poder llenarte de mí. Suficiente para preparar, con mis manos, tu excitación abriendo paso a mi boca. Suficientes besos y suficientes dedos para llevarte al borde, justo al borde y no más. Expectante, anhelante, deseosa, llamándome con tu humedad… para hincarme frente a ti y devorarte como el fruto prohibido que eres. Devorarte hasta que pierdas sensación de la realidad. Lamerte hasta que olvides tu nombre. Comerte hasta que tus piernas fallen y no te puedas mantener de pie. Aferrada a lo que esté a tu alcance para no caer y no parar. Comerte ahí contra la puerta, antes de que puedas decir hola o dejar tus cosas. Recibirte con un orgasmo o muchos, mejor muchos. Porque no hay mejor de forma de decir “bienvenida” que con un orgasmo. 

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