Regálame tu esencia

Soy tan ingenuo como para creer todo lo que leo. Soy tan listo como para no hacerlo siempre.

En este momento leo La Inmortalidad de Milan Kundera, entre otros libros que desfilan por mis manos de forma paralela. Con lo que me quedo hoy es con una idea muy simple y tal vez un poco controversial sobre los regalos.

“Imagínense que tienen un amigo que ama a Schumann y odia a Schubert, mientras que ustedes aman enloquecidamente a Schubert y Schumann les aburre mortalmente. ¿Qué disco le regalarían a su amigo para su cumpleaños?” (Kundera, 2009)

Kundera nos dice en su novela que, parafraseando y tal vez mal interpretando, uno no debe regalar algo que sepamos le va a encantar a la persona en cuestión. Es mejor regalar algo que nosotros disfrutamos, aún cuando sepamos que la persona podría odiarlo o tirarlo.

¡Cuando hacen un regalo quieren hacerlo por amor, quieren darle a un amigo un trozo de sí mismos, un trozo de su corazón! (Kundera, 2009)

¿Por qué hacer eso? Seguro se lo preguntarán, como yo lo hice. ¿Qué no el punto de todo regalo es dar algo que disfrute la persona celebrada? Pero aquí se pone interesante. Un regalo debe reflejar lo que somos, debe hablar de nosotros, debe mandar un mensaje y reflejar la honestidad del que lo entrega.

“Si le hubieran dado el de Schumann se habrían quedado con la desagradable sensación de que el regalo no habría sido sincero y de que habría parecido más bien un soborno con el que pretendían calculadoramente comprar la voluntad de su amigo”. (Kundera, 2009)

Así funcionan las amistades, muchas veces pensamos que necesitamos decir lo que quieren escuchar, pero pocas personas tienen el valor de decir lo que en verdad piensan. El mejor regalo que podemos hacer a un amigo es la honestidad y la lealtad a nuestros ideales. La amistad como toda relación es un intercambio, no esperamos que la persona piense igual a nosotros, esperamos que nos ayude a llegar a una verdad compartida. Cualquier regalo a un amigo debe ser uno en el que busquemos dar algo para que piensen en nosotros cada que lo vean y esos regalos no se limitan a bienes materiales.

Busquemos regalar una parte de nosotros. Regalar una parte de tu esencia no es cosa fácil y lo normal es preferir el acto de hipocresía que señala Kundera.

¿Se atreverían a realizar semejante acto de honestidad?

Trabajos citados

Kundera, M. (2009). La Inmortalidad. México: Tusquets.

 

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