Instructivo para tomarse una pastilla

Este no es un simple instructivo para personas sencillas. Este es un instructivo para los apasionados para los raros y los especiales, aquellos de los que Kerouac escribió (“Las únicas personas para mí son los que están locos, locos por vivir, locos por hablar, locos por ser salvados, deseosos de tener todo a la vez, los que jamás bostezan ni dicen cosas intrascendentes, sino que arden, arden, arden, como esas fabulosas velas romanas que explotan como arañas entre las estrellas para dejar una luz azul central, que al hacer explosión hace que todo el mundo se quede boquiabierto, exclamando ¡Ahhh!”), para ustedes que hacen de lo mundano una aventura.
Empieza con un miedo, un temor tan lógico que después de leer no se sorprendan si lo comparten o lo terminan adoptando. La muerte es el miedo más lógico e irracional que existe, es la única certeza en nuestras vidas inciertas y el único temor que junta lo aterrador de lo incierto y desconocido. Por ende tiene sentido que la ingesta de una tableta llena de químicos, no augure más confianza que la ingesta de un veneno.
El primer paso es observar. Como todo cazador debemos medir a la víctima o al rival. En este caso es un rival y necesitamos conocerlo lo más posible para encontrar sus debilidades. Para poder cumplir con este esencial paso, necesitamos procurar las pastillas. Asumiendo que ya fueron a una farmacia y disponen de una buena dotación procedemos a tomarla. Necesitamos sostenerla frente a nosotros y colocarla al nivel de nuestros ojos entre el pulgar y el índice, no importa con qué mano lo hagan. Como boxeadores hay que ver de frente y a los ojos a la pastilla, para que vea que no hay miedo, aunque la verdad sea lo contrario. El proceso interno es el de observar la pastilla hasta acumular tantos nervios que necesitemos soltarla. En ese momento debemos dejarla sobre alguna superficie limpia, digamos una mesa.
En este momento es vital que saquemos al litigante que llevamos dentro. Es importante que logremos argumentar, de forma coherente y convincente, que la pastilla podría hacer más mal que bien. Necesitamos retar a quien esté con nosotros, o a nosotros mismos, para que sean forzados a tirar cada golpe certero de razón que profiramos. De igual forma es importante que estemos acompañados por una persona racional, coherente y sensata, que pueda procurar las herramientas necesarias para sacarnos de la irracionalidad que asumimos como máxima de la vida. La pregunta clave aquí es ¿por qué debo tomarla? Cuando recibamos una respuesta que satisfaga, aunque no logre controlar los nervios, podremos proceder a la siguiente fase.
Terminada la confrontación y atendidas las dudas inicia la parte física del ritual. Uno debió haber calentado previamente para poder realizar los ejercicios necesarios sin lesiones ni secuelas contraproducentes (de las que podrían provocar la necesidad de tomar otras pastillas para atender alguna molestia). Algunos pensarán que es absurdo pero les aseguro que lo que sigue es esencial para poder engullir una pastilla. En este momento se está listo para empezar a saltar, el nivel, tamaño y duración de los saltos depende de las capacidades físicas y las necesidades personales. Lo importante aquí es saltar y quejarse de la alta probabilidad de ahogarse. Uno nunca sabe, podría tocarnos una pastilla necia de las que aspiran a ser más que pastilla y planean alojarse en alguna parte de tu garganta e inicar una familia. Si se realizó bien, una leve fatiga empezará a abrumarnos y habremos desahogado nuestras ganas de quejarnos.
Realizada la parte física podemos proceder a la fase de aceptación. Es inevitable llegar a un punto de resignación, sucede en todo en la vida, ante cualquier trago amargo llega la resignación que nos gusta maquillar como aceptación. La aceptación nos permitirá proceder al primer intento, de antemano aviso que será un intento fallido. Jamás se logrará tragar una pastilla en el primer intento, es un hecho del universo. ¿Si sabemos que no lo lograremos por qué no nos saltamos este paso? Porque aprendemos de los errores y necesitamos fallar para encontrar el camino al éxito. Es crucial que fallemos al menos una vez en todo lo que hagamos. Entonces procedan a colocar la pastilla en su boca, tomen un vaso con agua y asegúrense de que la pastilla termine en el suelo y no en su estómago.
Con la vista fija en la pastilla que dio su vida por esta riesgosa misión podemos proceder a tomar una segunda pastilla y deberemos mentalizarnos para triunfar. El proceso es muy sencillo, digo si no saben como pasarse una pastilla no sé cómo han sobrevivido tanto tiempo. Con el amargo sabor del éxito en la boca (es inevitable ese sabor amargo porque seguro dejaron la pastilla más tiempo del debido en sus bocas y saturó su paladar de amargura) asuman su pose de toreros, están listos para pavonearse haciendo derroche de estilo y serenidad.
Como toreros después de una faena, victoriosos al ver a la bestia a los ojos, sintiendo que compartieron el ruedo con la muerte y salieron victoriosos. El paso final es darse cuenta que no enfrentaron a la muerte, sólo se pasaron una de las tantas pastillas que se tragarán a lo largo de sus vidas. Felicidades.
—Ave Literaria

One comment

  1. En el tercer y cuarto paso hay errores conceptuales. En el quinto ya te fuiste por las ramas y ahí el lector abandonó la lectura, si es que no lo hizo al comenzar la segunda oración. Si esto es un instructivo me parece que le falta un poco de orden. Me parece que la literatura hubiera podido sobrevivir sin este texto. Ahora tengo mis serias dudas…

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