Mes: julio 2014

¿Qué haces con los fantasmas?

Todos tenemos una forma de lidiar con el pasado y los recuerdos. Algunos se cuelgan de lo bueno y tiran, olvidan o niegan, todo lo malo y negativo. Otros nos aferramos, absurdamente, a lo negativo y “disfrutamos” de arrastrar el pesado fardo del pasado. Hay quienes simplemente se desprenden de todo recuerdo y se enfocan en lo presente, sin prejuicios del pasado, pero también sin el bagaje de los momentos que hacen a nuestras vidas memorables.

Los fantasmas nos acompañan, afectan nuestro juicio, nos “ayudan” a decidir y actuar, moldean nuestro carácter, filtran la realidad y modifican nuestra perspectiva. El pasado nos define. Somos lo que hemos vivido y, como dicen los historiadores, debemos estudiar el pasado para entender el presente y proyectar el futuro.

No hay nada más profundo que los eventos determinantes en las vidas de las personas. No hay nada más puro que los miedos de las personas. Pocas cosas son tan honestas como el temor y tan tangibles como el origen de éste. Si conocemos los fantasmas de una persona es más fácil entenderla. Conocer es entender, pero entender no garantiza comprender. Podemos conocer y entender al miedo pero difícilmente llegaremos a comprenderlo. Los fantasmas son, en su esencia, miedo.

¿Qué sería de mí sin mis cicatrices? ¿En dónde me encontraría sin las lecciones aprendidas y aprehendidas? ¿Cómo podría interpretar lo acaecido sin eventos contra los cuales compararlos? ¿Cómo aprendería sin mi capacidad para recordar y discernir? Tal vez lo más importante de todo es ¿cómo avanzaría si me desprendiera de todo y cómo avanzo sin hacerlo?

Mis fantasmas me acompañan, a veces me detienen, otras, las menos, me impulsan. Pero sería difícil no entenderme como una persona con miedo, como todos, vivir me aterra y lo que he vivido me persigue, me alegra, me motiva, me pesa, me atormenta, me equilibra y desnivela. Soy mis fantasmas proyectando nuevas realidades, nuevas circunstancias, reproduciéndose y afianzando el firme agarre que tienen de mi vida.

El fantasma

El fantasma de lo que fue
Como apéndice arrancado
Deja la memoria

La ausencia duele
El vacío pesa
La mente recuerda

Lo que alguna vez fue
Lo que alguna vez hubo
Se transforma
Lo que no volverá a ser
Lo que no volverás a sentir

Miradas ausentes
Caricias ahogadas
Besos fenecidos

El apéndice que falta
Con vacilante andar
Al precipicio final
El olvido. 

En la orilla

A orillas de la vida
A orillas de la diversidad
En la orilla la inseguridad
En la otra la comodidad
En el centro el peligro
En el centro la aventura
Orillas estáticas
Orillas expectantes
En el centro la corriente
En el centro se ahogaría
En el centro regresó la orilla
En la orilla
Pasó la vida
Y no volvió

Alba, amantes en el cielo

Del latín albus, se refiere al amanecer o a la primera luz del día antes de que salga el Sol.

En los primeros días del verano, aquellos escasos (antes del cambio de horario) en los que puedes disfrutar de un poco de luz a las 6 am. Disfruté de la magia penetrante del alba. La mística de la evolución cambiante del día, prueba física de la existencia de algo tan elusivo como el tiempo.

El espectáculo de la naturaleza se presentaba constante e incansable, la obra eterna que adorna nuestras caprichosas vidas. Parecía que el cielo gritaba y se agitaba, para llamar la atención de los que nos encontrábamos recorriendo los diferentes caminos de nuestras vidas. ¿Hasta qué extremos debe llegar el mundo para llama nuestra atención? El alba se presentaba y decía “hoy no me ignorarás” me obligó a voltear, a poner atención, a concentrarme en lo que sucedía encima y ante mi.
El mejor momento del espectáculo matutino es cuando no estás ni aquí ni allá, te pierdes entre dos realidades, las dos tan efímeras como la pasada., como su contraparte, pero más reales que las mecanizadas y rutinarias vidas que llevamos.
La luz en la penumbra tan poderosa como la oscuridad, el gran epinicio de la tolerancia, justo medio iluminado. Sólo existen dos momentos en los que funciona el matrimonio del día y la noche, destinado al fracaso, al divorcio. Dos veces al día, durante el alba y el crepúsculo, se les permite avivar el romance a estos amantes. Se entregan a su pasión, aprovechando cada instante, convirtiéndome en voyeur.
Los colores y movimiento resultantes de la pasión de los enamorados, registrados por mi voyeurismo, me llevan a ser testigo de un dilema delicioso. Llega un momento en el que se ilumina tu entorno pero las lámparas y los focos tienen una función indispensable, son necesarios aun cuando la luz del día empieza a hacer su aparición y a intentar dominar la escena. Diría que la luz natural está lo suficientemente oscura para necesitar la intervención del hombre para cumplir su acometido. Saben que los estas observando y se sonrojan, pintando el cielo de diferentes tonos rojizos y rosas, pero no les importa, lo disfrutan y continúan, al fin todavía no llega el sol a interrumpirlos.
Perdido en la dimensión alterna del alba no queda más que disfrutar el espectáculo, segregarte de tu expresión corpórea y reflexionar. Convertirte en la adulación del misticismo, volar con la intoxicación visual de la naturaleza.
Deja que la máquina se encargue de la rutina, llegarás a tu destino, olvídate de aquello y sumérgete en la espesura de la sintonía ancestral y residual de la pasional sexualidad de dos momentos encontrados en el cielo.

Soy

Tus pecados ahogados y pasiones reprimidas
Tus fetiches soeces y fantasías vulgares

Tu lujuria escondida y lasciva negada
Tu carne trémula y deseo feroz
Tu hambre libidinosa y fulgor precoz

Gemidos punzantes
Ardor electrizante
Pundonor desquiciante
Apetito anhelante

La rebelión en tu cuerpo
La castidad extraviada
Tu resolución vencida
La batalla perdida
La tentación victoriosa

Tu esencia renovada
El que cimbra tu existencia

Retrato del hombre contemporáneo

El hombre contemporáneo es uno dotado de razón, es vida consciente de sí misma, tal vez más que nunca está consciente de sí mismo y su alrededor y por ello ha decidido negarse a sí mismo y a su mundo. Es más fácil existir si decidimos no ver que observar y  estar solos.
“La necesidad más profunda del hombre es la necesidad de abandonar la prisión de su soledad.” (E. Fromm, El arte de amar)
En la sociedad occidental el encajar y la conformidad son la forma predominante de superar el estado de separación. Buscamos encajar, mezclarnos y perdernos entre la multitud pero defendiendo a muerte nuestra independencia e individualidad. La mayoría de las personas no se dan cuenta de su necesidad de conformismo, de su desesperada lucha por nunca quedar aislados y la incesante búsqueda de encajar.
La modernidad ha buscado la estandarización de los productos, de los mercados y de las economías. La masificación de la producción y las tendencias globalizadoras impulsadas por la reducción en las distancias dada la digitalización del mundo, ha requerido la estandarización del hombre. El capitalismo ha logrado lo que el comunismo nunca pudo conseguir: una estandarización del hombre disfrazada de igualdad. El hombre moderno se ha transformado en un artículo más en el gran mercado del consumo.
Todas las actividades del hombre contemporáneo están rutinizadas y prefabricadas. Desde el trabajo hasta el placer y la diversión. Sí, esa huida de la rutina laboral es el deseo más común que existe en el mundo, todos aspiran a divertirse. La vida capitalista gira alrededor de la satisfacción de las necesidades, tanto naturales como artificiales, pero sobre todo artificiales, para obtener una pequeña y efímera satisfacción que haga espacio para la siguiente necesidad impuesta por el mercado. Ese imperioso y tortuoso deseo de consumir y nunca sentirse saciado, feliz, ni completo, hacen que gire el mundo del hombre contemporáneo.
Se encuentra resignado y algo desolado, porque su futuro es poco esperanzador. Necesita conseguir no sólo atención, sino algo de compañía y, sobre todo, algo más de compasión. Lo consume el deseo de ser descubierto más allá del contexto en el que lo ha colocado la vida. Ese sentimiento de soledad, acompañado por la necesidad de ser uno mismo, de ser visto con confianza y, de ser posible, con admiración. Se puede reducir en una necesidad de sentir que existe, de que su existencia/presencia sea reconocida por otros.
Sus recuerdos son un espacio en donde lo complejo, desesperado e insatisfactorio se convierte en sencillo, esperanzador y profundo. Nada cambia y todo cambia siempre. El hombre moderno, a pesar de los avances tecnológicos que ha creado para “conectarse” y mejorar su interacción con el mundo, está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza.

 

Vida Plástica

Un día le pregunté a un amigo si no sentía que nuestras vidas y nuestra realidad eran plásticas. Me pidió que lo desarrollara y le explicara de qué estaba hablando. Pensé en entrar en una profunda reflexión filosófica, sumergirme en los grandes pensadores y a partir de ahí explicarlo. Preferí tomar el diccionario y desarrollar una explicación sencilla. Estoy seguro de que mi amigo me lo agradecerá.
Efectivamente nuestra realidad es plástica. Llevamos vidas plásticas y su plasticidad no nos permite procesarlo.
Veamos la definición de la palabra:
Plástico, ca.-
1. (adj.) Que puede moldearse.
2. Relativo a la reproducción de las formas
3. (Fem.) Escultura.
4. (Masc.) Material de origen orgánico o sintético susceptible de ser modelado o moldeado en caliente o a presión.
5. Explosivo a base de nitroglicerina y nitrocelulosa.
Perfecto. No queda mucho espacio para desarrollar la idea, la definición lo engloba todo.
Observemos la primera línea: “(adj.) Que puede moldearse” Usemos una definición básica y ampliamente conocida del adjetivo: “Palabra que se agrega al sustantivo para designar una cualidad” Nuestra realidad plástica es una realidad que tiene la cualidad de poder ser moldeada (¿Subjetivismo?). Nuestra vida plástica puede ser moldeada, pero ¿quién es el artista y cuál o quién es la obra? Moda, mercadotecnia, consumo de masas, materialismo… ¿se les hace familiar alguna de éstas?
“Relativo a la reproducción de las formas” ¡por favor! Sólo hay una cosa que decir sobre esto: “Producción en cadena” ¡ah! Y no podemos olvidar a la Revolución Industrial ni al desarrollo/avance de la tecnología, siempre buscando productos innovadores para vender a la selecta sociedad ansiosa por poseer lo que avienten al mercado.
La definición concerniente a la mujer simplemente dice “Escultura”. Imponente forma de describir la errónea concepción que tiene el hombre de la mujer.
No hay mucho que decir de la definición masculina “susceptible de ser modelado o moldeado en caliente o a presión”…
La última es la más interesante, nada más hay que ver lo que hemos hecho con el medio ambiente. El estado del planeta es el ejemplo perfecto de nuestra explosividad. Debemos tratar, a nuestras vidas plásticas, con extremo cuidado. Reflexionemos sobre la situación actual y el camino que llevamos, porque cualquier día podría explotar en nuestras manos.
Finalmente veamos otro de los términos que utilicé al principio:
Plasticidad.-
1. (Fem.) Calidad de plástico.
No hubiera podido explicarlo mejor, de haberlo intentado. La “calidad de plástico” que tienen nuestras vidas (nuestro entorno, nuestras interacciones sociales, nuestra REALIDAD latente) no permiten que veamos más allá del plástico y lo reconozcamos por lo que es. Es la típica historia del elefante que está pasando frente a ti y no lo ves, por la inexistente distancia entre tu rostro y su masa corporal.
¿Tú qué opinas?