Retrato del hombre contemporáneo

El hombre contemporáneo es uno dotado de razón, es vida consciente de sí misma, tal vez más que nunca está consciente de sí mismo y su alrededor y por ello ha decidido negarse a sí mismo y a su mundo. Es más fácil existir si decidimos no ver que observar y  estar solos.
“La necesidad más profunda del hombre es la necesidad de abandonar la prisión de su soledad.” (E. Fromm, El arte de amar)
En la sociedad occidental el encajar y la conformidad son la forma predominante de superar el estado de separación. Buscamos encajar, mezclarnos y perdernos entre la multitud pero defendiendo a muerte nuestra independencia e individualidad. La mayoría de las personas no se dan cuenta de su necesidad de conformismo, de su desesperada lucha por nunca quedar aislados y la incesante búsqueda de encajar.
La modernidad ha buscado la estandarización de los productos, de los mercados y de las economías. La masificación de la producción y las tendencias globalizadoras impulsadas por la reducción en las distancias dada la digitalización del mundo, ha requerido la estandarización del hombre. El capitalismo ha logrado lo que el comunismo nunca pudo conseguir: una estandarización del hombre disfrazada de igualdad. El hombre moderno se ha transformado en un artículo más en el gran mercado del consumo.
Todas las actividades del hombre contemporáneo están rutinizadas y prefabricadas. Desde el trabajo hasta el placer y la diversión. Sí, esa huida de la rutina laboral es el deseo más común que existe en el mundo, todos aspiran a divertirse. La vida capitalista gira alrededor de la satisfacción de las necesidades, tanto naturales como artificiales, pero sobre todo artificiales, para obtener una pequeña y efímera satisfacción que haga espacio para la siguiente necesidad impuesta por el mercado. Ese imperioso y tortuoso deseo de consumir y nunca sentirse saciado, feliz, ni completo, hacen que gire el mundo del hombre contemporáneo.
Se encuentra resignado y algo desolado, porque su futuro es poco esperanzador. Necesita conseguir no sólo atención, sino algo de compañía y, sobre todo, algo más de compasión. Lo consume el deseo de ser descubierto más allá del contexto en el que lo ha colocado la vida. Ese sentimiento de soledad, acompañado por la necesidad de ser uno mismo, de ser visto con confianza y, de ser posible, con admiración. Se puede reducir en una necesidad de sentir que existe, de que su existencia/presencia sea reconocida por otros.
Sus recuerdos son un espacio en donde lo complejo, desesperado e insatisfactorio se convierte en sencillo, esperanzador y profundo. Nada cambia y todo cambia siempre. El hombre moderno, a pesar de los avances tecnológicos que ha creado para “conectarse” y mejorar su interacción con el mundo, está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza.

 

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