Alba, amantes en el cielo

Del latín albus, se refiere al amanecer o a la primera luz del día antes de que salga el Sol.

En los primeros días del verano, aquellos escasos (antes del cambio de horario) en los que puedes disfrutar de un poco de luz a las 6 am. Disfruté de la magia penetrante del alba. La mística de la evolución cambiante del día, prueba física de la existencia de algo tan elusivo como el tiempo.

El espectáculo de la naturaleza se presentaba constante e incansable, la obra eterna que adorna nuestras caprichosas vidas. Parecía que el cielo gritaba y se agitaba, para llamar la atención de los que nos encontrábamos recorriendo los diferentes caminos de nuestras vidas. ¿Hasta qué extremos debe llegar el mundo para llama nuestra atención? El alba se presentaba y decía “hoy no me ignorarás” me obligó a voltear, a poner atención, a concentrarme en lo que sucedía encima y ante mi.
El mejor momento del espectáculo matutino es cuando no estás ni aquí ni allá, te pierdes entre dos realidades, las dos tan efímeras como la pasada., como su contraparte, pero más reales que las mecanizadas y rutinarias vidas que llevamos.
La luz en la penumbra tan poderosa como la oscuridad, el gran epinicio de la tolerancia, justo medio iluminado. Sólo existen dos momentos en los que funciona el matrimonio del día y la noche, destinado al fracaso, al divorcio. Dos veces al día, durante el alba y el crepúsculo, se les permite avivar el romance a estos amantes. Se entregan a su pasión, aprovechando cada instante, convirtiéndome en voyeur.
Los colores y movimiento resultantes de la pasión de los enamorados, registrados por mi voyeurismo, me llevan a ser testigo de un dilema delicioso. Llega un momento en el que se ilumina tu entorno pero las lámparas y los focos tienen una función indispensable, son necesarios aun cuando la luz del día empieza a hacer su aparición y a intentar dominar la escena. Diría que la luz natural está lo suficientemente oscura para necesitar la intervención del hombre para cumplir su acometido. Saben que los estas observando y se sonrojan, pintando el cielo de diferentes tonos rojizos y rosas, pero no les importa, lo disfrutan y continúan, al fin todavía no llega el sol a interrumpirlos.
Perdido en la dimensión alterna del alba no queda más que disfrutar el espectáculo, segregarte de tu expresión corpórea y reflexionar. Convertirte en la adulación del misticismo, volar con la intoxicación visual de la naturaleza.
Deja que la máquina se encargue de la rutina, llegarás a tu destino, olvídate de aquello y sumérgete en la espesura de la sintonía ancestral y residual de la pasional sexualidad de dos momentos encontrados en el cielo.

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