Mes: septiembre 2014

Ilusionismo

Detrás de toda vida hay un acto de ilusionismo. Llevamos a cabo elaborados actos de distracción, transmutación, desaparición, etcétera; con tal de preservar, crear o recrear una imagen , una personalidad o una fachada.
Inteligente uso de espejos, veloces juegos de manos, trucos ocultos a simple vista como la elección de vestimenta o la selección de palabras y temas o reacciones para las diferentes circunstancias, las opiniones moldeables que aparecen y desaparecen de acuerdo al paladar de la audiencia. Dejamos pocas cosas al azar buscando controlar el entorno.
¿Por qué le tememos a que vean lo que hay detrás del telón? Me parece que es nuestro amor a la magia. No queremos llegar con las personas y conocer todos los trucos. Dependiendo de la profundidad de la relación se van compartiendo los necesarios para que exista confianza sin revelar demasiado como para perder la intriga.
Creemos en el amor a primera vista, las almas gemelas, el único y verdaderos amor, entre tantas otras falsedades ¿entre tanta historia en dónde hay espacio para un persona con fallas, problemas, defectos y sin trucos que recreen la ilusión de ser algo sacado de un cuento o fantasía? No eres lo que esperaba porque no estoy buscando a una persona, estoy buscando a un personaje de un libro o una película, de dónde sea menos de la realidad.
Me dijeron que salir es un juego de encontrar la excepción a las reglas. Sales con diferentes personas hasta hallar a aquella que es la excepción a todos los requisitos que tenías, las personas que hace que su imperfección sea un gusto y no una decepción. Creo que no hay una única persona que cumpla eso, no tenemos una única excepción pero son difíciles de encontrar. No es cómo encuentras la compatibilidad es cómo lidias con la incompatibilidad.
Detrás de todos hay un gran acto de ilusionismo pero no debería existir, la verdadera magia es ser fieles, ser entregados y ser auténticos.
—Ave Literaria 

Diario de una psicópata

Me detuve, con el cuchillo firme sobre su cuello, una duda me embargó. No la podía matar. Una fina línea de sangre se dibujó en su cuello. No vi miedo ni alivio en su rostro, sólo confusión. Siento que conozco ese rostro, me es familiar, como el rostro de una mujer que solía conocer sólo que más arrugada.
No la degollé. Di dos pasos atrás, ella imitó mis movimientos, media vuelta y echamos a andar en direcciones contrarias.
¿Quién es y de dónde la conozco?
No es común que encuentre rostros familiares. No es común que perdone a mi víctima. Nadie sobrevive cuando me ven blandiendo un cuchillo. Nadie sobrevive una vez que hay sangre. Pero ella se fue con su raya en el cuello, confusión en el rostro y una gota de sangre escurriendo.
 
¿Quién es? ¿Por qué la dejé ir?
Llegué a mi trabajo sin resolver este enigma.—Buenos días — saludo a la recepcionista mientras pienso en ese rostro…

—Buenos días — me responde.

Me es tan familiar…—Buenos días — me dice el contador.

No conozco a nadie de esa edad…—Buenos días — le respondo con una sonrisa fingida.

No se asustó, estaba confundida…—Buenos días —saludo a mi vecina de cubículo.

Y asquerosamente arrugada…—Buenos días linda —al verme me detiene mi compañera con evidente sorpresa. —¿Qué te pasó en el cuello? ¡Tienes una ligera cortada!

 
Una línea roja con una lágrima de sangre. Sonreí.
 

Ausencia sin sentido

La ausencia pierde sentido
cuando el recuerdo se rehúsa
a perecer.

La ausencia pierde sentido
cuando la memoria ignora
a la razón.

La ausencia pierde sentido
cuando la presencia se aferra
al dolido.

La ausencia pierde sentido
cuando no es ausencia
de dolor.

La ausencia pierde sentido
cuando no cumple su cometido
el olvido.

Tu ausencia nunca tuvo sentido
pero la tuve que padecer.

-Ave Literaria

Persiguiendo la felicidad

Dime lo que sabes de la noche.
Dime lo que sabes de los sueños.
Prefieres amanecer rodeado de lamentos.
¿Qué sabes de soñar si prefieres yacer con la desilusión?
Abrazar fracasos inerte ante los retos del futuro.
Desairas sueños y estimulas desconsuelo.

Dime lo que ya sabemos.
Dime que no sabes nada aunque presumes todo.
Hablemos de cómo evitas todo.
Hablemos de cómo evitas el conflicto.
Hablemos de cómo te niegas oportunidades.
Hablemos de cómo te cierras ante todo.
Hablemos de que no hablarás por más que te lo pida.
Dime qué sabes de perseguir la felicidad.
Dime que no sabes nada.
Dime qué sabes de pelear por tus ideales.
Dime que no peleas por nada.
Hablemos de cómo me dejaste escapar.
Hablemos de que no te importa nada.
¿Qué sabes de la felicidad si no te comprometes con tu vida?
Estaré bien, haré lo mío.
Compromiso en el futuro.
Manos en el volante.
Corazón embriagado.
Si muero lo haré satisfecho.
Persiguiendo la felicidad.
Mientras yaces rodeado de infelicidad.
-Ave Literaria

Cuentas

18 de octubre de 2013
Encuentro que muchas personas se ponen a reflexionar sobre el tiempo y la vida cuando se acerca el final del año. Fin de año significa poco para mí, mi nostalgia aparece en dos fechas específicas. La primera es mi cumpleaños y la segunda es el tres de diciembre.
A cinco días de una de esas fechas me embargan los recuerdos y las reflexiones. Todas las preguntas que he evitado a lo largo de este año no puedo evitarlas más; pienso en mis errores y mis logros. En los últimos años han sido más errores que logros, pero a veces soy muy duro conmigo mismo, entonces no estoy seguro de que eso sea verdad.
Hay cifras que me gusta contar cada año; los libros que he leído, las cosas de valor que he escrito, las amistades que perdí y las que gané, los eventos memorables que acumulé, los viajes y las tragedias. Somos una especia obsesionada con las cuentas. contamos en los deportes, en los negocios, en los gobiernos, las escuelas y las familias; contamos para comparar bajo la excusa de medir y poder tomar decisiones, lo único que veo en las cuentas es cómo las escondemos cuando nos dan vergüenza y las presumimos cuando son razones de orgullo.
Me gustaría poder contar las vidas que he impactado, los corazones que he tocado y los momentos en los que he estado que quedarán grabados en las memorias de otros. Quisiera saber a cuántas personas he ayudado de alguna forma y cuántas disculpas debo. Me gustaría contar las sonrisas que he provocado y las lágrimas que he ayudado a reconfortar. Me gustaría saber en cuántas vidas me he cruzado y cuántas historias he inspirado. Quisiera contar los colores que he visto, los sabores que me han deleitado y los sonidos que he descubierto. Me encantaría tener un registro de las texturas que he sentido, los besos que he gozado y las caricias que he recibido. Creo que he fracasado en contar lo importante, las sonrisas que he intercambiado y las lágrimas que han salido de tanto reír. Esas son las cosas que valdría la pena contar pero dejamos que se pierdan en el tiempo. ¿Cuántos kilómetros he recorrido por un ser querido? Nunca lo sabré y me parece lamentable.
Seguiré contando, tal vez algún día logre hacer un registro de mi vida, quien sabe, tal vez algún día aprenda a disfrutarla sin pensarla tanto.
—Ave Literaria

Pienso que no debo decirte lo que pienso

— ¿Me estás escuchando? ¿En qué estás pensando?
¿Qué esperas que responda cuando me preguntas en qué pienso?
¿Esperas que sea honesto, con toda la brutalidad que eso conlleva?
Hay una tormenta tropical en mi mente, como siempre, y no sé por dónde empezar.
Pienso en que no sé de qué hablas, no es nuevo, me perdí hace meses en nuestra conversación y no he logrado reencontrar mi lugar en ella.
Pienso en los labios de la mujer que acaba de pasar. Pienso en su curvatura y sensual carnosidad. Pienso en besarla y en la creación del universo.
Pienso en los confines de lo desconocido y en el último suspiro que resonará. Pienso en los planetas que deambulan en el espacio sin una estrella a la cual orbitar, que los caliente y los saque de su peregrinar.
Pienso en las piernas de la mujer que llegó a la mesa más cercana a nosotros. Imagino su tersa piel y el calor de sus muslos.
Pienso en lo que me dijo un amigo y la verdad que me rehúso a aceptar, los defectos que picó y mis reacciones deplorables que no logro controlar.
Pienso en sus ojos y los secretos que esconden. ¿De qué se alimentarán sus deseos?
Pienso en mis problemas pendientes.
¿Qué cosas la estremecen? ¡Cómo me encantaría descubrir cada detonante y debilidad en su cuerpo.
Pienso en las faltas morales que nos aquejan como especie y civilización. Pienso en el lastre que es mi timidez. En la crueldad del destino que no me hizo más atractivo. Pienso en la inevitable destrucción. El final de la tierra y el sol. Pienso en hoyos negros.
Pienso en los besos que no he dado, las camas que no conozco y los desaires que he acumulado.
Pienso en que quiero conocer Japón y en lo sorprendido que estoy por cuánto deseo a una desconocido, a esa que está en la mesa frente a nosotros.
Pienso que no puedo dejar de pensar en ella y que está mal porque estoy contigo y no debería desear estar con alguien más.
Pienso en esto que he estado evitando, que ya no te quiero y no sé cómo decirlo.
Pienso que no debo decirte lo que pienso, aún no, aunque tal vez debí hacerlo ayer.
Decir que no pienso en nada es más sencillo. Posterguemos un rato más. No soy tan valiente ni loable.
¿Preferirías que te dijera la verdad? ¿Entenderías el dilema que me embarga y paraliza mi mente? No lo sé…
—Nada. En nada. No pensaba. ¿Qué decías…?
—Ave Literaria—