Cadáver atorado.

Sentía en la garganta un cadáver atravesado, había escuchado aquello de que se te sube el muerto pero nunca había sentido una obstrucción tan incómoda en mí, como un ser vacío pero finalmente un ser que alguna vez estuvo vivo. 
 
Te sorprenderá que lo llame cadáver, pon tu incredulidad a un lado, no lo digo a la ligera, me tomó varios minutos llegar a esta conclusión. Creemos saber todo sobre nosotros, llegamos a ser tan arrogantes que pretendemos analizar al mundo y conocer a todos como si fueran producto de un laboratorio de clonación en el que mi mente fungió como diseñador. Los últimos meses me han enseñado que no sé nada. Me desconozco y fue demasiado presuntuoso de mi parte asumir que leía al mundo como un cuento infantil. 
 
Saco del refrigerador una cerveza, me la tomo de golpe, necesito deshacerme de esta terrible sensación alojada en mi laringe. No necesito pensarlo mucho, es ella, es el recuerdo de lo que tuvimos, lo expulsó mi corazón y se atoró en mi garganta. Murió y ahora se pudre dentro de mí privándome de mi voz, imposibilitando que logre sacar todo lo que se quedó arrumbado en mi interior. 
 
Necesito otra cerveza.
 
Ave Literaria

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