Pienso que no debo decirte lo que pienso

— ¿Me estás escuchando? ¿En qué estás pensando?
¿Qué esperas que responda cuando me preguntas en qué pienso?
¿Esperas que sea honesto, con toda la brutalidad que eso conlleva?
Hay una tormenta tropical en mi mente, como siempre, y no sé por dónde empezar.
Pienso en que no sé de qué hablas, no es nuevo, me perdí hace meses en nuestra conversación y no he logrado reencontrar mi lugar en ella.
Pienso en los labios de la mujer que acaba de pasar. Pienso en su curvatura y sensual carnosidad. Pienso en besarla y en la creación del universo.
Pienso en los confines de lo desconocido y en el último suspiro que resonará. Pienso en los planetas que deambulan en el espacio sin una estrella a la cual orbitar, que los caliente y los saque de su peregrinar.
Pienso en las piernas de la mujer que llegó a la mesa más cercana a nosotros. Imagino su tersa piel y el calor de sus muslos.
Pienso en lo que me dijo un amigo y la verdad que me rehúso a aceptar, los defectos que picó y mis reacciones deplorables que no logro controlar.
Pienso en sus ojos y los secretos que esconden. ¿De qué se alimentarán sus deseos?
Pienso en mis problemas pendientes.
¿Qué cosas la estremecen? ¡Cómo me encantaría descubrir cada detonante y debilidad en su cuerpo.
Pienso en las faltas morales que nos aquejan como especie y civilización. Pienso en el lastre que es mi timidez. En la crueldad del destino que no me hizo más atractivo. Pienso en la inevitable destrucción. El final de la tierra y el sol. Pienso en hoyos negros.
Pienso en los besos que no he dado, las camas que no conozco y los desaires que he acumulado.
Pienso en que quiero conocer Japón y en lo sorprendido que estoy por cuánto deseo a una desconocido, a esa que está en la mesa frente a nosotros.
Pienso que no puedo dejar de pensar en ella y que está mal porque estoy contigo y no debería desear estar con alguien más.
Pienso en esto que he estado evitando, que ya no te quiero y no sé cómo decirlo.
Pienso que no debo decirte lo que pienso, aún no, aunque tal vez debí hacerlo ayer.
Decir que no pienso en nada es más sencillo. Posterguemos un rato más. No soy tan valiente ni loable.
¿Preferirías que te dijera la verdad? ¿Entenderías el dilema que me embarga y paraliza mi mente? No lo sé…
—Nada. En nada. No pensaba. ¿Qué decías…?
—Ave Literaria—

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