Mes: noviembre 2014

Errores

Los errores parecen bucles infinitos, paradojas que nos acompañan a lo largo y ancho de nuestras vidas. Ya sea la decisión o las consecuencias de alguna forma siempre se hacen presentes, como pecas que te deja la exposición al sol.
Cometes un error, lidias con las consecuencias derivadas de lo que sea que hayas dicho o hecho y presumes un momento de iluminación “¡Aprendí mi lección!”. Ves a una persona cometer un error similar y le das consejos, cátedras y demás diatribas para enfatizar que eres un sabio por haber vivido eso primero y que conoces las respuestas o la solución. Todo esto mientras se presenta una nueva oportunidad de equivocarte de la misma forma que lo habías hecho. Ese “Aprendí mi lección” aún reverbera en el fondo y tú ya estás actuando exactamente igual que antes, con cinismo o remordimiento pero sin variar la dinámica que se convertirá en tradición o modus operandi. Repites ese patrón las veces que puedas antes de que cambien tus circunstancias y el juego se acabe o que encuentres un nuevo error y empieces a cometer ese en lugar del otro.
Los errores no son acciones, son paradojas, bucles infinitos que nos acompañan. Si tuviéramos la capacidad de aprender, como especie, tal vez ya no existirían las ni las fronteras y veríamos más cooperación. Tal vez pensar eso sea un error…

Infantilidades, compromiso y amor

Tuvimos una visita inesperada, en medio de nuestras diferencias apareció ese personaje infantil que había desaparecido. No fue una sorpresa grata, ni una visita bienvenida, al menos no de mi parte. Ingenuamente pensé que las actitudes infantiles habían quedado atrás, enterradas en el pasado, vestigios de lo que alguna vez fue, de lo superado.

Lo que uno piensa, o espera, nunca es igual a la realidad, supongo que por eso dicen: “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”.

La verdad siempre esperamos que las personas actúen o respondan como nosotros queremos, olvidando que cada cabeza es un mundo y cada mundo tiene sus propios deseos, anhelos e ideas. En pocas palabras cada persona vive su propia realidad y difícilmente la realidad de uno será igual a la de otro.

Caras vemos, contexto o circunstancias no conocemos. Por eso es que al conocer a una persona el azar desempeña un rol más importante del que quisiéramos reconocer. No basta con conocer a la persona indicada, o deseada, afecta el momento y las circunstancias en las que se conocen.

Un día cualquiera podrías conocer a “la persona de tu vida”, pero si el momento no es el ideal probablemente perderás esa gran o interesante oportunidad.

Lo bonito es que no todo estará perdido, conocerás una gran cantidad de personas que podrán ocupar ese lugar. Lo que necesitan para que funcione (con una de esas personas “ideales”) es compromiso. El amor es compromiso y, el amor, como tal debe ser la base de toda relación; por lo tanto la base de una buena relación es el compromiso mutuo. Eso junto a otras condiciones como buena comunicación, confianza y empatía; son lo necesario para cualquier relación amistosa, familiar o amorosa.

Todo esto derivado de un desplante infantil. Recuerda, no le puedes pedir peras al olmo.

Hojas

Esperando fueron pasando las hojas. Las hojas de mi vida, aprovechadas o desperdiciadas dependiendo de la perspectiva. Los libros, las hojas de las vidas de otros, plasmadas en obras a las que se entregaron en cuerpo y alma, recorridas por mis ojos, son tiempo prestado. Por eso el tiempo ya no lo mido con tiempo, paso de lo intangible a lo tangible, el tiempo en mi vida se mide con hojas. Hojas en blanco es tiempo disponible, hojas usadas es el tiempo transcurrido, el pasado visible. El presente es la idea atorada en el espacio entre el futuro en blanco y el pasado escrito.

El conjunto de hojas usadas (escritas a mano, a máquina, impresas, digitales o simplemente garabateadas) y leídas, constituyen el tiempo transcurrido en mi vida. Las hojas vacías o sin leer, son las oportunidades que me depara el futuro.

Lamentablemente aquí tampoco puedo detener y manipular el tiempo a mi capricho, porque siempre hay hojas vacías y cada vez aparecen más hojas sin leer. Estoy a merced del papel. La única forma de detener al tiempo sería parando la producción en todo el mundo, no más papel, no más literatura; y leyendo todo lo que exista. Pero el mundo es muy grande y el conocimiento colectivo todavía más grande, entonces el tiempo sigue avanzando.

Hoja tras hoja las vidas pasan, se entrelazan historias, terminan historias y la pluma sigue, continúa trazando caminos y destinos, continúa pasando el tiempo.

Piedras

Apilas tu lejanía. Tótem de ausencia.
La carretera del silencio que nos divide.

Me recuesto en un lecho de rocas
herencia de nuestros encuentros,
acontecimientos irreductibles.

En la imagen de sí mismos
está el consuelo del dolor,
de la luz y de las mismas piedras.

Imágenes del cielo derrumbándose.
Sobre sí mismo.
Sobre nosotros.
Sobre mí.

Irreductible soledad.
Cosechando piedras 
llenas de dolor.

-Ave Literaria

La vida.

No es algo personal, no puedo lidiar con tanto ruido. No soy tan ensimismado, mi mente es ensordecedora y me queda poco espacio para lo demás. Pienso que todos los que me rodean están llenos de banalidades (como cualquier persona, como yo) y sólo puedo lidiar con una cantidad limitada de eso. No es que me sienta superior, sólo me sé diferente. Hay cosas que incomodarían a los demás y nos ahorro eso con máscaras o actuando de formas que me terminan catalogando como un payaso o desconsiderado.
 
Para mí la vida es el cielo gris, la luna, el olor a lluvia, la tierra mojada y sentir el pasto en mis pies. Mis placeres mundanos incluyen andar descalzo por todos lados y comer con las manos; el vino, la cerveza y el whisky, desde hace poco también la ginebra. La vida es la música que me conmueve, las películas, series y libros. Son las historias, es el dolor y el vacío que nos acongoja. Es el sentimiento de insatisfacción que nos aqueja a todos, aquel que intentamos llenar con objetos y placeres momentáneos. Es caminar entre libros, el sonido de la máquina de escribir o el sonido de esta pluma fuente que parece rasgar cada palabra tal como las siento cada que salen de mi cabeza y aterrizan sobre una hoja, como rasgar mi corazón un trazo a la vez, una verdad o fantasía tras otra me desangro sobre la herida que es mi día a día. La vida es este rasgar de la pluma sobre la hoja que es mi vida, una herida a la vez.
 
No pienso que sea imposible que otros lo entiendan. Si lo comparten son personas que tienden a encerrarse, de alguna forma u otra, como yo. Si no lo comparten son personas que esperan lo que todos esperamos, que sean como son ellos y será difícil que cuadre mi lógica en la suya; tal vez no lo entiendan pero respeten mi forma de pensar, a la larga hará mella en ellos y esa comprensión se volverá indiferencia; tal vez me quieran salvar porque en su mente soy un ser descarriado y no un viajero que tomó un camino diferente. Como sea, nadie tiene verdades absolutas sobre la vida y quien crea que lo tiene ya perdió gran parte de la misma por haberse cerrado a una infinidad de posibilidades. No es que sea un ser egocéntrico, funciono en sociedad a pesar de mí mismo y eso es mucho más que suficiente y tal vez más de lo que debería dar. 

Huir de mí

Te huyo a ti,
en el espejo.
A ti, en mi mente.
 
Huyo de ti,
recuerdo.
De ti, anhelo.
 
Huyo de mí,
fantasmas.
De mí, mi yo
desenmascarado.
 
Le temo a sentir.
A recordar.
A pensar.
Al recuerdo,
mi fascinación por la tortura.
 
Le temo a mí.
Mi confrontación.
Mi realidad.
Mi mente.
Mi ser.
Yo.
-Ave Literaria