Sobre el perdón.

Me incomoda que me perdonen. No sé qué hacer con un perdón. ¿Se guarda? ¿Necesita algún tipo de cuidado especial? ¿Qué come? ¿Con qué frecuencia se debe regar? ¿Cuántas horas debe dormir? No estoy preparado para tanta responsabilidad, a mis 26 años he batallado mucho para mantenerme con vida, no esperen que tenga éxito atendiendo un perdón.
Prefiero los reclamos y los viejos rencores, esos que añejan como los vinos y maduran hasta volverse delicias de la vida. No me gusta sentir que mi amistad está condicionada por la buena voluntad de otra de persona. Lo sé, es muy egoísta pero esa es mi naturaleza.
No me siento honesto cuando ando de puntillas, con extremo cuidado, alrededor de una persona. No me siento ‘yo’ cuando no tengo la libertad de lastimarte. Es terrible, pero cuando me perdonan soy incapaz de volver a lastimar a una persona. No me gusta sentir que te debo algo por haber sido perdonado. Prefiero que me digas “me traicionaste” para responderte “lo siento, ya es cosa del pasado” y saber que no es así, que nunca será olvidado, que me lo gané y no me perdonarás.
Me gusta que me pregunten ¿Qué pasó entre ustedes? Y decirles “Lo lastimé” sabiendo que nada ni nadie lo cambiará. No me gusta intentar actuar como si nada pasara, o como si nada ocurrió, que fue un trago amargo y las cosas pueden continuar como antes, como siempre. Nada es para siempre. Nada es igual. El cambio es la constante. Te lastimé y nada será igual. ¿No es eso algo sumamente bello? ¿Para qué lo forzamos con un perdón que ninguno siente de verdad? Dejemos los estigmas, obviemos los temores sociales a la soledad. No pasa nada, estaremos bien.
Un día nos veremos y diremos que te lastimé y que no me pudiste perdonar. Tal vez volvamos a empezar, sin fantasmas, egos ni vanidad. Tal vez sólo tomemos un trago y recordemos los buenos momentos. Tal vez sólo nos quede la nostalgia de lo que fue nuestra amistad y no será algo mal, fue una buena amistad.
Me incomoda el perdón porque no existe una versión pura, sólo es un ideal. Es un contrato maligno que encadena y condiciona alrededor de una acción supuestamente magnánima. No me gusta el perdón porque crea rencores y falsos escalafones morales. No me perdones, no me gusten las deudas que no se pueden pagar.
Ave Literaria

One comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s