Errores

Los errores parecen bucles infinitos, paradojas que nos acompañan a lo largo y ancho de nuestras vidas. Ya sea la decisión o las consecuencias de alguna forma siempre se hacen presentes, como pecas que te deja la exposición al sol.
Cometes un error, lidias con las consecuencias derivadas de lo que sea que hayas dicho o hecho y presumes un momento de iluminación “¡Aprendí mi lección!”. Ves a una persona cometer un error similar y le das consejos, cátedras y demás diatribas para enfatizar que eres un sabio por haber vivido eso primero y que conoces las respuestas o la solución. Todo esto mientras se presenta una nueva oportunidad de equivocarte de la misma forma que lo habías hecho. Ese “Aprendí mi lección” aún reverbera en el fondo y tú ya estás actuando exactamente igual que antes, con cinismo o remordimiento pero sin variar la dinámica que se convertirá en tradición o modus operandi. Repites ese patrón las veces que puedas antes de que cambien tus circunstancias y el juego se acabe o que encuentres un nuevo error y empieces a cometer ese en lugar del otro.
Los errores no son acciones, son paradojas, bucles infinitos que nos acompañan. Si tuviéramos la capacidad de aprender, como especie, tal vez ya no existirían las ni las fronteras y veríamos más cooperación. Tal vez pensar eso sea un error…

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