inseguridad

Si se rompe lo arreglas

Si algo está roto lo arreglas o lo reemplazas, así de simple. Al parecer la vida puede ser tan directa como eso, nosotros la complicamos agregando variables, a decisiones sencillas, que complican la ecuación. Si le preguntas a un niño qué hacer en equis escenario, te dará una respuesta sencilla; si le preguntas a un adulto, te dirá que es complicado, que depende, que lo tiene que pensar o te hará preguntas para entender mejor la situación y las variables implicadas en el problema. 

Todos empezamos con la simplicidad y coherencia de un infante. La vida es sencilla, la curiosidad abunda y nos maravillamos con facilidad. Los años nos van complicando, agregan capas a nuestra simpleza, opaca os la curiosidad y vamos distanciándonos de nuestra capacidad para maravillarnos. Si algo se rompe encontramos la forma de seguir usándolo sin tener que hacer un arreglo complicado, buscamos la opción más barata y esto incluye el reemplazar lo dañado. Nos volvemos seres prácticos, al menos eso creemos; de niños éramos prácticos y no lo sabíamos, de adultos pensamos que somos prácticos e ignoramos que dejamos de serlo.

Si algo no se rompe no lo arreglamos, tal vez lo reemplazamos (si encontramos algo mejor), aunque también arreglamos lo que no está roto y dejamos sin arreglar lo que sí lo requiere. Las cosas ya no son blanco y negro, navegamos la gama de grises a nuestra conveniencia gritando que todo es más sencillo y que no todo es blanco y negro al mismo tiempo. Amamos los discursos totalistas que se contradicen. Hoy todo es blanco, mañana será negro y ayer fue gris. 

¿Cómo se arregla lo que no está roto pero requiere atención? ¿Cómo se ignora lo que está dañado? Un niño no puede sobrevivir sin un adulto y un adulto necesita la visión del niño. La inseguridad de cada persona hace del absoluto el rey tuerto en la tierra de ciegos.

Expectativas

Siempre esperamos cosas de la vida y de las personas. Tener expectativas de todo es parte de nuestra errante naturaleza humana. Las expectativas nacen de nuestros deseos, alimentados por nuestra particular visión de la realidad. Nuestras expectativas son proyecciones de lo que haríamos, esperando que el resto de las personas actuaran como nosotros y que sus personalidades se moldearan a nuestras necesidades e ilusiones. No pensamos en la naturaleza de la persona (o personas) en cuestión, no consideramos lo posible ni lo probable, sólo pensamos en lo deseable.

A veces no concebimos que una persona pueda esperar ciertas cosas de nosotros. Ciertos gestos, detalles, palabras, actitudes, posturas, etc. No entendemos cómo pueden esperar cosas que no van con nuestro estilo, con nuestro criterio, con nuestro modus operandi. Es nuestra falta de empatía la que nos hace olvidarnos de esto cuando estamos alimentando nuestras expectativas sobre los demás.

Las personas no nos decepcionan, las expectativas irreales que tenemos sobre ellos son la causa de nuestra decepción. Con esto no quiero justificar el comportamiento, que puede dejar mucho que desear, de las personas. La mayoría de los fracasos en las relaciones se atribuyen a la falta de compenetración, posiblemente a una mala comunicación pero nadie a se detiene a pensar en lo poco observadores que somos. Siendo honestos somos seres ensimismados, que sufrimos de una visión de túnel que nos impide observarnos y juzgarnos como lo hacemos con los demás. Nuestra forma de ver y absorber al mundo está permeada por las ideas que tenemos. Lo que quiero decir es que la mayoría de las veces vemos a las personas como las queremos ver y no como son en realidad.

Nos podríamos evitar la clásica “no era la persona que creía que era” o “no eres la persona de la que me enamoré” si nos esforzáramos en VER a la persona que tenemos frente a nosotros, en CONOCERLA y dejáramos de idealizar y crear imágenes que sólo existen en nuestra mente. Nadie es perfecto y por más que lo intentemos jamás lo conseguiremos. Si partimos de la imperfección implícita de todos, nos tomamos el tiempo de observar y conocer bien a las personas, con el tiempo no nos llevaremos sorpresas desagradables. En lugar de tener expectativas imposibles de cumplir, tendremos expectativas realistas basadas en el verdadero potencial de cada individuo.

No podemos reprocharle a alguien por no ser la persona que esperábamos que fuera o la persona que deseábamos que fuera, pero sí podemos reclamar cuando dejan de ser la persona que son, cuando dejan de esforzarse por alcanzar su potencial. Las expectativas no son malas, sólo debemos hacerlas pensando en los otros en vez de pensando en nosotros.

En la orilla

A orillas de la vida
A orillas de la diversidad
En la orilla la inseguridad
En la otra la comodidad
En el centro el peligro
En el centro la aventura
Orillas estáticas
Orillas expectantes
En el centro la corriente
En el centro se ahogaría
En el centro regresó la orilla
En la orilla
Pasó la vida
Y no volvió