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Hablemos de libros. Nada – Janne Teller

En la tercera entrega de hablemos de libros toca el turno de la controversial novela para jóvenes de la escritora danesa Janne Teller: Nada.

Es una obra de narrativa ligera que se lee con facilidad y te sorprende e incomoda con la misma facilidad. Es un libro fantástico que vas a amar o a odiar.

El video contiene Spoilers.

Ensayo sobre el absurdo: Gustos.

Soy muy protector de mi gustos. Creo que toda persona lo es, no conozco a una persona que disfrute el que critiquen a sus artistas, películas, libros, autores, músicos o discos favoritos. Es común encontrar a personas que se alteran como fanáticos religiosos viendo a su deidad ser profanada por alguien más, cuando alguien habla mal o en contra de alguno de sus gustos.

Hubo una época en la que, al estilo del Quijote, enfundaba mi armadura de juicios y críticas para pelear contra todos aquellos que leían, escuchaban, veían, consumían, usaban productos comerciales sin (en mis ridículas ideas) pensar en lo que estaban haciendo. Este tipo de batalla, en la que pretendes salvar a la humanidad de sí misma y de sus malos gustos, es una guerra sin sustento, sin sentido y sin justificación.

Klosterman tiene un ensayo en el que habla de la música que es más consumida por la población y dice que aquellos artistas que son más consumidos son los que dicen las cosas más claras, se adaptan a la realidad del momento y su falta de innovación es porque sólo se adaptan a lo que la gente va queriendo y son reflejos del presente; estas personas conectan de forma directa con la gente, con las masas que sólo quieren disfrutar de forma natural aquello que quieren leer, escuchar, ver, consumir y usar. Suena como una trivialización de la cultura pop, y lo es, pero no en un sentido negativo. Lo que sucede es que el resto de las personas no entienden al mundo como aquellos que son el centro de la producción literaria, musical, ccinematográfica televisiva y el resto de las industrias de consumo que existen.

Nadie está bien, así como nadie está mal, es tan valido el artista intelectual difícil de comprender como el artista pop que se moldea alrededor de los deseos, las modas y los movimientos que lo mantendrán vigente y popular. Hoy en día son populares escritores como Paulo Coelho, John Green, Rainbow Rowell, Suzanne Collins, E. L. James, Veronica Roth, por mencionar algunos; no tengo nada en contra de sus obras, sé lo difícil que es escribir algo y creo que lo que yo he escrito es inferior a lo que han hecho. Lo que sí puedo decir es que no son del agrado de mi paladar literario y tal vez eso significa que, como lector, no entiendo a la gente y eso me gusta. Disfruto estar leyendo, en este momento, a Chuck Klosterman, Janne Teller, Banana Yoshimoto, Raymond Carver, Anton Chejov, Mo Yan, Yasunari Kawabata, David Foster Wallace y Joan Didion mientras el grueso de la población del mundo lee a los que mencioné antes y sus similares. Tal vez como escritor pueda entender a la gente y pertenezca a la primera lista, pero también existe la posibilidad de que sea parte de la segunda lista y las dos son igual de valiosas.

Hablemos de Libros: La Insoportable Levedad del Ser.

Si tuviera que elegir un libro o un autor favorito, lo cual es imposible probablemente elegiría a Milan Kundera y su novela La Insoportable Levedad del Ser. Todos tenemos listas de libros fundamentales, aquellos que nos despertaron el amor a la lectura, aquellos que nos hicieron pensar de otra forma, aquellos que nos enamoraron y tantas otras razones por las que podemos enaltecer a un libro. Este libro es uno de ellos.

Este libro marcó un parteaguas en mi vida como lector. Lo leí en una época en la que seguía con la inercia de Harry Potter y lo que quería leer eran historias movidas llenas de aventuras. Mis principales lecturas consistían en Fantasía y Novela Histórica. Autores como DAvid Gemmell y Valerio Massimo Manfredi eran mi pan de cada día.

No recuerdo cómo llegó a mí Kundera (seguro fue por mi papá) pero el título apeló a mi adolescente incomprendido, vacío y confundido. Después de Kundera se podría decir que le imprimí seriedad a mis lecturas (aunque no me siento muy cómodo con este término porque de cierta forma discrima el resto de las lecturas que hacía y que sigo haciendo). No hubo marcha atrás, una vez que terminé de leerlo seguí buscando libros que se enfocaran en la persona, en la psicología del personaje y que ahondaran en temas complejos.

Hay quienes dicen que la lectura por moda no lleva a ningún lado, yo creo que los lectores evolucionan y leer bestsellers es un punto de partida.

Con este introducción les comparto mi primera reseña en video, aunque más que reseña es una invitación a hablar de libros.

Gracias por la idea.

Me gusta adueñarme del conocimiento, leer y confiar en que fue escrito para mí. No lo digo como una virtud ni como un defecto, es lo que es, asumo lo que me dicen, lo adopto y me moldeo a su alrededor.

Bukowski me hace querer tomar la vida, llenarla de alcohol y revolcarme entre sus excesos. Deseo ser un tren descarriado al que no le importan las consecuencias y se dedica a reaccionar. No logro entregarme del todo a ese desinterés, aunque esa decadencia me emociona como la miel a Pooh.

Un autor nuevo para mí, Chuck Klosterman, me ha enseñado que no debo desestimar lo popular, lo actual y que todo concepto y movimiento se puede vincular. Tengo la mala costumbre de juzgar y desechar cosas por considerar que no están a la altura de mi, supuestamente, exigente gusto. Ya no, quiero ver las cosas como lo hace él, no exactamente como las ve él, me agrada su forma de analizar y conectar ideas profundas con imágenes o elementos de cultura pop o tendencia hipster.

Camus me habló de tú a tú sobre lo absurdo de la vida, lo que negamos y aquella abrumadora sensación que brota de nuestro interior y se lleva todo cual aspiradora. No sé si reconocí algo que había dentro de mí o lo asumí como propio. Me sentía Meursault desconectado de todo, hablando de la muerte de su mamá como si fuera un charco que pisó camino al trabajo, sintiéndome un prisionero abandonado, incomprendido.

Sartre me hizo cuestionar la sensación que llevo dentro hasta entenderla y asumirla; aún no sé qué es. Y lo cuestiono y sufro ante las opciones y las posibilidades. La existencia es una carga que no pedí, pero aquí estoy. ¿Esa idea es mía o nació a partir de leerlo? Tal vez ni siquiera sea algo que él diría, pero yo saqué eso de Sartre. Empecé a disfrutar sentarme en cafés a la Roquentin registrando mis impresiones sobre el mundo que me rodea y mi solitaria existencia.

Hasta Dan Brown me dejó buscando códigos ocultos. ¿Se me imaginan la emoción de resolver un acertijo de dimensiones épicas, abrirse paso entre los secretos de organizaciones encubiertas exponiendo los misterios con la capacidad de sacudir los cimientos de nuestras creencias?

Por último, en esta breve lista que idee para explicar mi punto, menciono a Rowling, porque soy de la afortunada generación que creció esperando un búho.

Alguna vez escribí: “Soy tan ingenuo como para creer todo lo que leo. Soy tan listo como para no hacerlo siempre.” Esto sigue siendo tan vigente hoy como lo era hace tres años, lo escribí mientras leía una novela de Kundera que cambió mi forma de ver los regalos y el acto de dar un regalo. No siempre permito que una idea o un autor moldee mi forma de pensar; sería un camaleón sin definición no coherencia si así fuera. Pero cuando una idea me gusta, me sacude o ilumina algo dentro de mí que antes no alcanzaba a distinguir, entonces, permito que se apropie de mi persona y me la adueño. Al final no sé si fue la injerencia de ese autor o mis instintos, da igual, soy un producto de lo que leo y lo que hago.

Regálame tu esencia

Soy tan ingenuo como para creer todo lo que leo. Soy tan listo como para no hacerlo siempre.

En este momento leo La Inmortalidad de Milan Kundera, entre otros libros que desfilan por mis manos de forma paralela. Con lo que me quedo hoy es con una idea muy simple y tal vez un poco controversial sobre los regalos.

“Imagínense que tienen un amigo que ama a Schumann y odia a Schubert, mientras que ustedes aman enloquecidamente a Schubert y Schumann les aburre mortalmente. ¿Qué disco le regalarían a su amigo para su cumpleaños?” (Kundera, 2009)

Kundera nos dice en su novela que, parafraseando y tal vez mal interpretando, uno no debe regalar algo que sepamos le va a encantar a la persona en cuestión. Es mejor regalar algo que nosotros disfrutamos, aún cuando sepamos que la persona podría odiarlo o tirarlo.

¡Cuando hacen un regalo quieren hacerlo por amor, quieren darle a un amigo un trozo de sí mismos, un trozo de su corazón! (Kundera, 2009)

¿Por qué hacer eso? Seguro se lo preguntarán, como yo lo hice. ¿Qué no el punto de todo regalo es dar algo que disfrute la persona celebrada? Pero aquí se pone interesante. Un regalo debe reflejar lo que somos, debe hablar de nosotros, debe mandar un mensaje y reflejar la honestidad del que lo entrega.

“Si le hubieran dado el de Schumann se habrían quedado con la desagradable sensación de que el regalo no habría sido sincero y de que habría parecido más bien un soborno con el que pretendían calculadoramente comprar la voluntad de su amigo”. (Kundera, 2009)

Así funcionan las amistades, muchas veces pensamos que necesitamos decir lo que quieren escuchar, pero pocas personas tienen el valor de decir lo que en verdad piensan. El mejor regalo que podemos hacer a un amigo es la honestidad y la lealtad a nuestros ideales. La amistad como toda relación es un intercambio, no esperamos que la persona piense igual a nosotros, esperamos que nos ayude a llegar a una verdad compartida. Cualquier regalo a un amigo debe ser uno en el que busquemos dar algo para que piensen en nosotros cada que lo vean y esos regalos no se limitan a bienes materiales.

Busquemos regalar una parte de nosotros. Regalar una parte de tu esencia no es cosa fácil y lo normal es preferir el acto de hipocresía que señala Kundera.

¿Se atreverían a realizar semejante acto de honestidad?

Trabajos citados

Kundera, M. (2009). La Inmortalidad. México: Tusquets.