vida

Perdiendo

Cosa extraña, hace unos días estaba viendo fotos con mi familia. Teníamos varios años sin hacerlo, sin sacar los viejos álbumes y dedicar un rato a revisarlos, rememorar y observar en silencio entregados a nuestros pensamientos. Las fotos me permiten conocer a mis primas y primos de bebés, a mis tías y tíos de niños y a mis abuelitos como padres jóvenes y no abuelos. Soy de los más jóvenes de la familia y sin fotos no podría conocer la infancia del resto, por eso aprecio mucho las fotos familiares, adoro ver a mi familia en sus inicios y en pleno crecimiento. Debo hacerlo más seguido, mientras pueda, porque uno no puede confiarse, la vida no es eterna.

Lo mejor del ejercicio fue ver a mi abuelito (del lado materno) de cincuenta años. Hoy supera los ochenta y su salud no es la mejor. A los cincuenta estaba entero, fuerte, erguido, joven, el roble que conocí durante años hasta que un día dejó de serlo. Fue repentino, cuando le iba mal la gripa le duraba más de una semana, eso era lo más enfermo que lo había visto en toda mi vida. Un día se vino abajo y ya no se levantó.

Resulto curioso que el haber sido muy saludable resultara ser algo negativo, no sabe estar enfermo, no sabe sentirse vulnerable y no sabe hacerse a la idea de que las limitaciones no significan que la vida se haya terminado. La persona de las fotos, aquel hombre de cincuento años alegre, atractivo, orgulloso, está desapareciendo; cada día un poco más. Me costó mucho trabajo aguantar las lágrimas que me acosaron mientras lo veía en fotos. No quiero que sea aquella persona de hace treinta años, no sé cómo explicarlo, las palabras me fallan. Lo estamos perdiendo en vida, cada día desaparece un poco de esencia, de su persona. Temo llegar un día y encontrar una carcasa que respira pero dejó de ser.

Camino en el inferno

Estoy intacto y me da lo mismo.
Estoy entero y no me importa.
No comprendo la rebeldía. 
Estoy vacío y es igual.
No sé distinguir
entre cadáver y animal.
Soy herencia del saqueo,
sacrificios para mí.
No soy lucha, soy pereza.
Soy pereza y no te importa.
No soy lucha soy olvido
herencia sin memoria
cargado de vicio.
Sufrimiento enraizado
en repugnancias y traiciones.
Me azota, me derriba, me arrastra.
Inocencia sin emociones.
Bajo la luna, oculto del sol,
vivo y respiro en la sombra
de glorias fenecidas.
Camino sobre mi hastío
el desierto y la cólera embrutecida.
¿A qué me vendo ahora?
¿Cuál será el precio?
¿Qué quiero?
¿Cederé principios, valores o cometidos?
¿Pisotearé corazones?
¿Queda algo por ceder?
Camino sobre la sangre,
la herida que no sabe cerrar.
Camino sobre la sangre de mi verdad.

—Ave Literaria

La vida.

No es algo personal, no puedo lidiar con tanto ruido. No soy tan ensimismado, mi mente es ensordecedora y me queda poco espacio para lo demás. Pienso que todos los que me rodean están llenos de banalidades (como cualquier persona, como yo) y sólo puedo lidiar con una cantidad limitada de eso. No es que me sienta superior, sólo me sé diferente. Hay cosas que incomodarían a los demás y nos ahorro eso con máscaras o actuando de formas que me terminan catalogando como un payaso o desconsiderado.
 
Para mí la vida es el cielo gris, la luna, el olor a lluvia, la tierra mojada y sentir el pasto en mis pies. Mis placeres mundanos incluyen andar descalzo por todos lados y comer con las manos; el vino, la cerveza y el whisky, desde hace poco también la ginebra. La vida es la música que me conmueve, las películas, series y libros. Son las historias, es el dolor y el vacío que nos acongoja. Es el sentimiento de insatisfacción que nos aqueja a todos, aquel que intentamos llenar con objetos y placeres momentáneos. Es caminar entre libros, el sonido de la máquina de escribir o el sonido de esta pluma fuente que parece rasgar cada palabra tal como las siento cada que salen de mi cabeza y aterrizan sobre una hoja, como rasgar mi corazón un trazo a la vez, una verdad o fantasía tras otra me desangro sobre la herida que es mi día a día. La vida es este rasgar de la pluma sobre la hoja que es mi vida, una herida a la vez.
 
No pienso que sea imposible que otros lo entiendan. Si lo comparten son personas que tienden a encerrarse, de alguna forma u otra, como yo. Si no lo comparten son personas que esperan lo que todos esperamos, que sean como son ellos y será difícil que cuadre mi lógica en la suya; tal vez no lo entiendan pero respeten mi forma de pensar, a la larga hará mella en ellos y esa comprensión se volverá indiferencia; tal vez me quieran salvar porque en su mente soy un ser descarriado y no un viajero que tomó un camino diferente. Como sea, nadie tiene verdades absolutas sobre la vida y quien crea que lo tiene ya perdió gran parte de la misma por haberse cerrado a una infinidad de posibilidades. No es que sea un ser egocéntrico, funciono en sociedad a pesar de mí mismo y eso es mucho más que suficiente y tal vez más de lo que debería dar. 

Joven Adulto

El joven está cansado, vive la vida mortificado, ¿Qué nos orilló a dejar de divertirnos y empezar a preocuparnos? Me rehúso a madurar, le rehúyo a la responsabilidad; le daré la espalda y lo ignorare hasta que desaparezca, de niño siempre funcionaba, si no quiero no tiene porqué suceder, si no quiero no tengo porqué cambiar. La vida es simple, ¿en qué momento me empecé a preocupar? No lo sé, debo regresar a la simplicidad de la felicidad. Debo continuar con el relajo y el festejo, soy joven, no tengo necesidad de sufrir ni preocuparme. Sólo sufro cuando deseo, cuando creo que vale la pena, sufro cuando amo o no recibo lo que quiero, pero ¿para qué necesito la responsabilidad? Eso se lo dejo a mis papás, ellos son los que se encargan de todo.

Ya no es tan sencillo y lo veo, ya no es como si pudiera esconderme bajo la sábana y estar protegido de lo que viene, lo que no existe o lo que imagino. Las cosas ya son una realidad, el futuro está más cerca y lo percibo, lo respiro y lo siento, me provoca y nunca lo alcanzo, me molesta y me preocupa… me estresa.

¿Qué es eso? Yo antes no vivía con el estrés, ahora parece ir de mi mano. Cada paso que doy hay algo que me mortifique: si no es la escuela, son mis padres, si no son mis padres es la novia, si no es la novia son mis amigos, si no es amor ni amistad es mi mente, sólo me deprimo. No necesito más, no deseo más, apenas y puedo con lo que tengo. Es tan confuso y tan real, es tan palpable que asusta, pero yo no le temo a nada ya soy lo suficientemente grande como para entender, pero lo convenientemente chico como para no desear y no necesitar lo que viene, es cosa de grandes y todavía soy pequeño…

Me asusta el tiempo, aunque ya he aprendido con el paso de los años, que el tiempo es una variable que no controlo, que siempre es constante y traicionera, pocas veces tu amiga y fiel como nadie. Tiempo es lo que me hace falta pero entre más pasa, más temo, estoy más cansado y más perdido, sencillamente más confundido. La pubertad fue complicada, las hormonas las emociones, los cambios, el crecimiento, lo nuevo y mi latente curiosidad; ahora veo que no fue nada comparado con lo que viene, de golpe he crecido, o creo hacerlo, pero debo haberlo hecho porque lo necesito, el problema es que no lo quiero…¿o sí?, ah! ¡Qué miedo! ¿Alguien podría detenerlo? ¡Por favor! necesito parar, bajarme un rato y pensar. Tiempo es justo lo que no tengo, parar es un lujo que no me puedo dar, demasiados sueños, demasiadas metas, no hay forma de descansar, al fin soy joven, tengo energía y soy el futuro ¿o seré ya una realidad?

Nunca había tenido tanta claridad y deseado no entender. Sé qué tengo que hacer y qué sucede, pero no es como lo imaginaba, ni cercano, ni mágico, ni feliz. Soy pero no soy, soy pero no deseo ser, quiero pero hay mucho que hacer.

Decisiones, decisiones, responsabilidades y madurez, el problema es que no soy ni la mitad del adulto que creía ser, no soy independiente como quisiera, ni responsable como debería, ya debería serlo…o al menos eso creo…

Todos tienen guías, consejos y experiencias, la verdad es que ninguna me interesa, su vida no es como la mía y no podrían entender. No hay respuestas correctas ni decisiones acertadas, eso dicen, pero yo creo tener la razón, o al menos lo creía hasta ayer, ahora tengo miedo, pero no debo mostrarlo soy fuerte, maduro y entero ¡todo un adulto! Con necesidades de pequeño y asustado como nunca antes. Los amigos van y casi ninguno viene, antes era más sencillo, los hacía por montones y todo mundo era sustituible, “no me importa que se vaya al fin el se lo pierde, no sabe qué se está perdiendo” JA JA JA el tiempo me ha hecho más sarcástico. Mi presente es otro, mi realidad más dura, me quedan pocos amigos, sólo los verdaderos, bueno eso creo, al menos hay muchas experiencias a su lado, me conocen mejor que cualquiera, lo bueno es que han sido fieles y constantes ¡oh cuanto los quiero! Es que ya no sabes en quién confiar, mis compañeros en el futuro serán mi competencia, debo mostrar que soy superior, resaltar sobre los demás, el mundo es cruel y los trabajos escasos, no me puedo dar el lujo de confiar ya que lo que importa ahora es trabajar, arrear y sacar las cosas adelante porque todos son unos ineptos. La verdad ¿Qué haría mi equipo sin mi? Pero déjame te digo que soy humilde, antes sí era arrogante ahora estoy más centrado, ya no deambulo, ya sé hacia donde voy y eso lo importante… ¿verdad?

¿Quieres que te hable de amor? No sé por dónde empezar, bueno la verdad es que no hay mucho que decir. Mis experiencias me han demostrado que no puedo entregarme tan fácil, hay q fijarse bien, aunque siendo honesto, uno no decide a quien amar. Ya no soy tan impulsivo como antes, ya domino más mi corazón y la que manda es la razón. Sí, me han lastimado y por eso sé que será difícil encontrar a alguien que me ame y sea perfecta, bueno si sigo soñando, pero debo ser realista: eso no va a pasar. Concluyo como cualquier plebeyo del amor “todas son iguales” uno cree que encontró todo lo que quería y al día siguiente te traicionan o pierden el encanto, es extraño y no lo entiendo ¿Cómo sé si estoy amando? ¿Cómo sé si es real? He creído amar tantas veces que ya no sé si ha sido real, uno cree amar y al día siguiente se da cuenta que no, entonces ya no sé si en verdad he amado, esto es muy complicado mejor hablemos de otra cosa.

La vida, mejor no hablemos de eso, o bueno hemos estado hablando de eso todo el tiempo ¿no? La vida es y nunca deja de ser, no sé cómo lo veas tú, pero así lo siento. No, no me fijo en lo que diga la gente de mí, sólo me interesa mi opinión, ¿los demás qué van a saber de mí?, no han estado ahí ¿Qué derecho tienen de juzgar y criticar? No saben nada, el problema es que no miden sus palabras, pero te repito no me importa lo que opinen de mí, para eso tengo a mis amigos ellos siempre me dicen la verdad, por eso los quiero. Pensándolo bien puede que sí me afecte lo que opinan de mí, pero pocas veces, depende de la persona que lo diga. El problema es que luego critican sin saber, o juzgan sin entender porqué, nadie sabe de dónde viene todo, nadie se mira antes de criticar, nadie se conoce. No me digas que tú te conoces bien ¿Cómo te puedes conocer si vives tu vida mirando a los demás?

 

(Imagen de Salvador Dalí)

Persiguiendo la felicidad

Dime lo que sabes de la noche.
Dime lo que sabes de los sueños.
Prefieres amanecer rodeado de lamentos.
¿Qué sabes de soñar si prefieres yacer con la desilusión?
Abrazar fracasos inerte ante los retos del futuro.
Desairas sueños y estimulas desconsuelo.

Dime lo que ya sabemos.
Dime que no sabes nada aunque presumes todo.
Hablemos de cómo evitas todo.
Hablemos de cómo evitas el conflicto.
Hablemos de cómo te niegas oportunidades.
Hablemos de cómo te cierras ante todo.
Hablemos de que no hablarás por más que te lo pida.
Dime qué sabes de perseguir la felicidad.
Dime que no sabes nada.
Dime qué sabes de pelear por tus ideales.
Dime que no peleas por nada.
Hablemos de cómo me dejaste escapar.
Hablemos de que no te importa nada.
¿Qué sabes de la felicidad si no te comprometes con tu vida?
Estaré bien, haré lo mío.
Compromiso en el futuro.
Manos en el volante.
Corazón embriagado.
Si muero lo haré satisfecho.
Persiguiendo la felicidad.
Mientras yaces rodeado de infelicidad.
-Ave Literaria

Cuentas

18 de octubre de 2013
Encuentro que muchas personas se ponen a reflexionar sobre el tiempo y la vida cuando se acerca el final del año. Fin de año significa poco para mí, mi nostalgia aparece en dos fechas específicas. La primera es mi cumpleaños y la segunda es el tres de diciembre.
A cinco días de una de esas fechas me embargan los recuerdos y las reflexiones. Todas las preguntas que he evitado a lo largo de este año no puedo evitarlas más; pienso en mis errores y mis logros. En los últimos años han sido más errores que logros, pero a veces soy muy duro conmigo mismo, entonces no estoy seguro de que eso sea verdad.
Hay cifras que me gusta contar cada año; los libros que he leído, las cosas de valor que he escrito, las amistades que perdí y las que gané, los eventos memorables que acumulé, los viajes y las tragedias. Somos una especia obsesionada con las cuentas. contamos en los deportes, en los negocios, en los gobiernos, las escuelas y las familias; contamos para comparar bajo la excusa de medir y poder tomar decisiones, lo único que veo en las cuentas es cómo las escondemos cuando nos dan vergüenza y las presumimos cuando son razones de orgullo.
Me gustaría poder contar las vidas que he impactado, los corazones que he tocado y los momentos en los que he estado que quedarán grabados en las memorias de otros. Quisiera saber a cuántas personas he ayudado de alguna forma y cuántas disculpas debo. Me gustaría contar las sonrisas que he provocado y las lágrimas que he ayudado a reconfortar. Me gustaría saber en cuántas vidas me he cruzado y cuántas historias he inspirado. Quisiera contar los colores que he visto, los sabores que me han deleitado y los sonidos que he descubierto. Me encantaría tener un registro de las texturas que he sentido, los besos que he gozado y las caricias que he recibido. Creo que he fracasado en contar lo importante, las sonrisas que he intercambiado y las lágrimas que han salido de tanto reír. Esas son las cosas que valdría la pena contar pero dejamos que se pierdan en el tiempo. ¿Cuántos kilómetros he recorrido por un ser querido? Nunca lo sabré y me parece lamentable.
Seguiré contando, tal vez algún día logre hacer un registro de mi vida, quien sabe, tal vez algún día aprenda a disfrutarla sin pensarla tanto.
—Ave Literaria

El poder de la palabra

El poder de la palabra. Dicen por ahí que la pluma puede hacer más daño que la espada. Tal vez en el pasado la pluma era más eficaz. En una era digital como la actual podemos prescindir de la pluma; cualquiera con acceso a un teclado puede plasmar ideas y publicarlas con unos ‘clicks’. Es tan sencillo que hasta yo lo hago.
A veces no hay nada más esperanzador que una hoja en blanco. El espacio vacío es una invitación para crear. Pocas veces se puede disfrutar de un instante tan mágico como el de antes de empezar a escribir. Cualquier cosa puede pasar, en ese instante, no hay límites, no hay reglas, sólo hay espacio, opciones y posibilidades infinitas. Ese tipo de efecto es uno que intento encontrar cada que el ‘destino’ me lo permita. El alba lo reproduce a cierto grado. La luz del día y la oscuridad de la noche comparten un mismo plano, de forma cordial sin imponerse, permitiendo que la magia entre al mundo. Es en esos momentos en los que te das cuenta que cualquier cosa puede pasar, nada está escrito aún y el día es tuyo para llenarlo con tus acciones y tus decisiones.
El mundo es un lugar complejo, a veces pesado otras maravilloso. Todo evento es una combinación de procesos, de decisiones, de interacciones, un conjunto de conexiones, de posibilidades, de coincidencias. Disfrutamos representar esos momentos en ficciones, en representaciones de la realidad, en cuyas historias exacerbamos cada detalle poético de la vida que podemos encontrar y resaltar.
No hay mayor poesía en el mundo que el amor. Esa locura incomprendida que se siente y no se piensa. Que se piensa con algo más que la razón. Lleno de fugaces e intensos momentos y solemnes constantes. El amor es un compromiso, una entrega, un intercambio en el que no debemos perdernos. Es tan irracional que sentimos que no hay mayor lógica razonable en el mundo. Así como una hoja en blanco o un alba, las posibilidades son infinitas. Siempre esperamos lo mejor de cada oportunidad y ahí está nuestro gran error.
Debemos olvidar las etiquetas: mejor, peor, malo o bueno. Cada evento es un suceso único y depende de nosotros si lo aprovechamos o lo desperdiciamos. Las etiquetas sólo sirven como un escudo para enfrentar la vida. Juzgar o calificar a las personas y los eventos sólo nos sirve si los utilizamos como herramientas de aprendizaje. Uno nunca debe juzgar a la ligera, dado que no conocemos lo que traen adentro las personas, lo que han vivido ni lo que han superado o padecido.
La vida es una hoja en blanco esperando ser llenada. Ninguna pluma tiene mayor fuerza, para contar nuestra historia, que la que tenemos en nuestra manos. La pregunta que debemos hacernos todos los días es: ¿qué quiero escribir hoy?
Remember you’re the hero of your story.