visión

Si se rompe lo arreglas

Si algo está roto lo arreglas o lo reemplazas, así de simple. Al parecer la vida puede ser tan directa como eso, nosotros la complicamos agregando variables, a decisiones sencillas, que complican la ecuación. Si le preguntas a un niño qué hacer en equis escenario, te dará una respuesta sencilla; si le preguntas a un adulto, te dirá que es complicado, que depende, que lo tiene que pensar o te hará preguntas para entender mejor la situación y las variables implicadas en el problema. 

Todos empezamos con la simplicidad y coherencia de un infante. La vida es sencilla, la curiosidad abunda y nos maravillamos con facilidad. Los años nos van complicando, agregan capas a nuestra simpleza, opaca os la curiosidad y vamos distanciándonos de nuestra capacidad para maravillarnos. Si algo se rompe encontramos la forma de seguir usándolo sin tener que hacer un arreglo complicado, buscamos la opción más barata y esto incluye el reemplazar lo dañado. Nos volvemos seres prácticos, al menos eso creemos; de niños éramos prácticos y no lo sabíamos, de adultos pensamos que somos prácticos e ignoramos que dejamos de serlo.

Si algo no se rompe no lo arreglamos, tal vez lo reemplazamos (si encontramos algo mejor), aunque también arreglamos lo que no está roto y dejamos sin arreglar lo que sí lo requiere. Las cosas ya no son blanco y negro, navegamos la gama de grises a nuestra conveniencia gritando que todo es más sencillo y que no todo es blanco y negro al mismo tiempo. Amamos los discursos totalistas que se contradicen. Hoy todo es blanco, mañana será negro y ayer fue gris. 

¿Cómo se arregla lo que no está roto pero requiere atención? ¿Cómo se ignora lo que está dañado? Un niño no puede sobrevivir sin un adulto y un adulto necesita la visión del niño. La inseguridad de cada persona hace del absoluto el rey tuerto en la tierra de ciegos.